Te cuento un caso real, De una de mis apasionantes sesiones con vosotras.
No tengo ni idea de si sabes quién fue Jane Goodall (luego la buscas en Wikipedia), te la resumo mucho: fue una investigadora sobre chimpancés salvajes, pionera, muy famosa y muy relevante.
Falleció en 2025, a los 91 años. Cuando tuve esta sesión aún vivía, aunque sabía que era muy mayor.
Eso es el contexto, luego volvemos a ella.
Tengo sesión con una chica, llamémosla Beatriz, aunque ese no es su nombre. Viene a sesión porque dice que siente muchos dolores estomacales, ardor en la boca del estómago, molestias, pesadez…
Para variar, no encuentran nada médico relevante, así que le dicen que se “acostumbre” y que no tome cosas picantes y tal.
Cuando está en sesión conectando con esas sensaciones en la boca del estómago, dice una cosa clave:
“Es como si tuviera ahí un peso”.
Touché, eso ya me lo conozco —pienso para mis adentros—: es vida pasada, fijo.
Pues exactamente.
Entramos en regresión y lo primero que Beatriz ve es que está andando por una cueva muy oscura, hacia el fondo, con una antorcha improvisada.
—No me veo muy bien… No sé qué hago aquí… No sé si estoy sola…
Seguimos ahondando en esta “visión” y, de repente, salta:
—¡Ahora sí me veo! ¡Hala! ¡Soy igualita que Jane Goodall!
Jaja, nos reímos las dos por el dato y la expresividad.
Pues resulta que esta señora mayor, vestida de senderista de Coronel Tapioca, con coleta de cabello largo y blanco, está con un grupo de mujeres en el monte y acaban todas perdidas en una gruta sin salida, pues por donde entraron ha quedado taponado debido a un derrumbe.
Esta valiente mujer toma el rol de líder: ayudarlas, guiarlas y mantenerse MUUUUUY positiva para que las demás no decaigan.
Aguantan dentro muchos días, sin luz, casi sin comida, filtrando el agua de la cueva para estar hidratadas. Incluso una de ellas fallece y hay varias heridas.
Nuestra Jane Goodall particular se entrega total: las hace meditar, visualizar, las guía, les hace reír, sostiene, sostiene y sostiene al grupo.
Finalmente, en una de sus caminatas por el interior de la gruta, ven unas rocas y, entre ellas, arriba del todo, un hilito de luz.
—¡¡¡¡HAY SALIDA!!!! —piensan todas—.
Escarban, apartan rocas y consiguen abrir un agujero por el que cabe una persona.
Van saliendo una a una y, al caminar unos pocos metros, encuentran algo que no esperaban:
un despliegue de policías, rescatistas, periodistas… Su caso era mediático y estaban investigando maneras de sacarlas.
Nuestra Jane Goodall llega allí y, en cuanto la sostienen médicos y paramédicos, SE DERRUMBA.
Siente de repente el peso de tantos días, el agotamiento, la desnutrición, el miedo, el sufrimiento que hasta ahora no se había permitido sentir…
Todo le cae de golpe sobre su maduro cuerpito.
Le pregunto a Beatriz:
—Dime… ¿Te has sentido más veces así?
Llora.
—TODO EL TIEMPO DESDE QUE TENGO USO DE RAZÓN.
En efecto, desde siempre había sido la “sostenedora” de su familia, de sus amigas y de sus parejas.
En momentos de tensión, crisis, dramas…
ella sostenía a todos y, cuando ya todo había pasado, se ponía enferma de todo lo que había tragado y no sentido hasta entonces.
Hacemos la resolución de trauma y ¡¡¡VOILÀ!!!
Adiós, molestia estomacal. Estómago relajado y cuerpo regulado.
Así de mágico es esto.
(Magia poca, puro trauma somatizado).
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Cuídate y mímate, que, aunque reencarnemos,
vida como esta solo tienes una.