Es tan difícil, a veces, tratar de explicar y categorizar qué ocurre en una sesión de Ingeniería Álmica. Sobre todo porque, una vez que entras en los mundos del alma, en la energía de la persona… todo puede ocurrir.
Para que me entiendas y esto no quede tan abstracto, te cuento un caso bastante reciente: el de Marisa. Una joven veterinaria con consulta propia, muy trabajadora, formal, estudiosa, la hija perfecta. Vivía en el pueblo en el que se crió y siente mucha unión con su familia. También estaba a punto de casarse y quería ser madre pronto.
Sentía que todo por lo que había trabajado se estaba haciendo realidad y que su vida era perfecta. O bueno, claro, CASI perfecta. Soy consciente de que, si todo fuera perfecto, no vendríais a mi amorosa consultita online
Bueno, el caso es que Marisa tenía, desde hacía más de un año, un dolor de hombro derecho que le impedía hacer vida normal. El dolor era cambiante, aparecía y desaparecía, intenso, insoportable en algunos momentos y, lo más importante: según toooodas las pruebas médicas, fisios y profesionales a los que había consultado, ahí no había nada. ¿Sería emocional?, se preguntaba ella.
Ahí entro yo.
Marisa es un eneatipo 7. Este eneatipo corresponde generalmente a hijos únicos o al hijo pequeño que, por lo general, no es buscado y llega cuando los hermanos ya son bastante mayores. Es decir, es la niña bonita, el niño bonito. La muñeca de la casa. Todos lo adoran, lo cuidan y sus necesidades son miradas y vistas por una casa entera. Suelen tener buen carácter y ser afables, no quieren drama y son trabajadores, a veces incluso hiperactivos; no les gustan demasiado las obligaciones ni las rutinas. Esta es la base de Marisa, pero en Marisa, y en muchos eneatipos 7, ocurre algo: hay una lealtad enorme al padre o a la madre, y suele haber una admiración tan grande que “absorben” cosas que no son propias de su eneatipo. Es cuando se descentran a un eneatipo 1 (¿cómo sé que uno de los progenitores es un 1? Porque en el 100 % de los casos que me he encontrado, si hay un eneatipo 7, un progenitor es un 1).
En este caso, el 7 se descentra al 1 y, en lugar de ser despreocupada, juguetona, algo irresponsable y afable, Marisa era excesivamente responsable, nerviosa, tensa y siempre pendiente de hacer lo correcto, sin escuchar sus propias necesidades.
Preparé su hipnosis reprogramante para trabajar ese descentramiento y que conectara con su esencia verdadera de forma centrada, sin caer en patrones dañinos para ella ni descentrarse como estaba, y traté el dolor de hombro con plantitas acordes a su elemento tierra.
Llega el día de la sesión. Marisa, a pesar de ser mental, entra bastante bien en regresión y la guío a través de su cuerpo con una técnica adicional a la regresión que aprendí directamente con el maestro Martin Roesch (un psicooncólogo y terapeuta de origen alemán, especializado en terapia regresiva y en el acompañamiento mental y espiritual de pacientes con enfermedades crónicas, en particular cáncer, que ha desarrollado su propio método). Llegamos a su hombro y… ¿sabes lo que encontramos?
Doy un sorbito de té y te lo cuento. —-
Ve el hombro por dentro bastante rojo (muy típico de cuando hay dolor) y todo está muy oscuro y le cuesta ver (esto son resistencias de su propio sistema a ver una verdad dolorosa). Tranquilizo a su alma, nos tomamos unos segundos para que la luz vaya llegando y, cuando Marisa está lista, simplemente aparece:
—¡Mi hermano Pedro! ¿Qué pinta aquí mi hermano? —dice muy sorprendida.
Como es habitual para mí después de tantos años, conectada al campo vibracional de Marisa, yo ya sé lo que está pasando (puedo sentir la envidia de él), pero aguardo en silencio: es vital para la sesión y para la sanación de Marisa que ella lo vaya entendiendo, integrando y desvelando a su ritmo, no al mío.
—No lo sé —le digo—, pero vamos a preguntárselo. Yo le hago las preguntas en voz alta y la respuesta que dé te llegará a ti a nivel mental, en tu cabeza, de manera telepática, así que te pido que tú la verbalices en alto para que yo la escuche.
Después de asegurarme de que lo ha comprendido (el momento es de bastante intensidad e incertidumbre), la conversación con ese fractal del alma de su hermano Pedro que habita en su hombro es bastante fluida, pero no fácil:
Pedro le dice que no la soporta. Que él era el estudioso, el niño bonito de la casa, el gran protagonista, y que cuando llegó ella lo estropeó todo. Que todos hablaban de lo bonita que era, luego de lo estudiosa y, después, encima, estudió la carrera soñada por él, pero a él no le llegó la nota. Además, se quedó a vivir en el pueblo, según él, con recochineo, para restregarle en la cara lo mucho que la querían papá y mamá, lo perfecta que era su vida y todos los logros que ella había conseguido y él no.
Marisa se quedó blanca.
—Supongo que algo había notado, por comentarios suyos y algunas caras, pero no podía imaginar esta envidia y esta furia que siente contra mí.
Después de tranquilizar a Marisa y de charlar sobre algunas escenas que le venían de momentos en los que su hermano hizo cosas o dijo comentarios a los que ella no había dado valor o que no había entendido, ahora tenía todas las piezas del puzle. Ahora todo cobraba sentido.
Ahí nos metimos en faena.
Le hicimos ver a ese trocito de la energía de su hermano el daño que estaba haciendo, que se hacía daño a sí mismo porque había dividido su energía y no estaba completa junto al resto de su alma en su cuerpo físico. Hablamos de las consecuencias que tenía para él estar así de dividido y con tanto odio, así que decidió ser ayudado y volver a su lugar. Limpiamos toda la rabia, la ira y la envidia que había dejado en el cuerpo de Marisa y llenamos con luz de la Fuente los recovecos y huecos que hubiera dejado su ausencia.
Marisa sale de la sesión tranquila y serena, con una cara distinta a la de cuando entró, mucho más relajada y luminosa. Sorprendida de no tener dolor y de la sensación de ligereza.
—Es como si una presión gigante que yo misma me ponía de ser perfecta, de no poder fallar, de estar siempre preocupada y tensa, hubiera desaparecido.
Nos despedimos con mucho amor y luz.
A veces con una sola sesión es suficiente. A veces se necesita más de una. Hay personas que, aunque sientan los beneficios, luego se aferran de nuevo a sus patrones de pensamiento y actividad conocidos, y la patología regresa. Eso ya no depende de mí, y he aprendido a vivir con ello. De momento Marisa sigue feliz y sin dolor, y asegura que la relación con su hermano ha cambiado. Que no se ven mucho ni van a ser ahora grandes amigos, pero que puede mirarlo con compasión y lo siente a él mucho más relajado. Los comentarios pasivo-agresivos han desaparecido.
Pero, sobre todo, ella ha conectado con su yo verdadero, con su autenticidad y con una forma de estar en el mundo responsable pero suave, trabajadora pero despreocupada, con cierta disciplina pero también amorosa consigo misma.
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